Nuestro primer
contacto en Sudáfrica va de la mano de Sonja, encantadora mujer que regenta Aliwal
Dive Charters junto con Swynny. Nos recoge en el aeropuerto y
nos lleva hasta Unkomas, primero de nuestros destinos.
Nuestro
alojamiento será por unos días un pequeño Hotel Lala-Manzi, situado justo
enfrente del centro de buceo. Nos dan un pequeño regalo de bienvenida
(camiseta, plano del arrecife e información sobre el lugar) todo un detalle.
Visitamos el
centro, enseñamos nuestros papeles de buceo y quedamos para nuestra primera
inmersión a las siete de la mañana, Como? Pero tu has visto la mar que hay?
Nada de esto parece importar.
Tras un pequeño
desayuno en la habitación, café y galletas estamos preparando los equipos
(prestados en esta primera) para nuestra inmersión. Puntuales montamos en un
Land-Rover camino de la playa. La embarcación, una semirrigida de 7,5 mts esta
preparada para salir al mar y mientras el Dive-master nos da las indicaciones
oportunas, el material ha sido cargado en el barco.
El Skiper nos
indica que sujetemos los pies en los Straps que hay en el suelo, las olas en la
playa tienen una altura de mas de dos metros.
Nos sujetamos fuerte y con una
habilidad impresionante el
skiper sortea las olas, tras un par de intentos
conseguimos pasar la barrera y encontrarnos en mar abierto. Navegación de unos
15-20 min. y rodeados de olas y ráfagas de viento de 40 Km/hora nos equipamos
para saltar. A la de tres todos al agua y hasta el fondo.
La inmersión
se desarrolla en Raggie cave, con 18 mts. de fondo es como una plaza de toros
con cuevas donde estarían los burladeros. En ellas encontramos a nuestros
primeros raggies. Feos, con los dientes saliéndose de la boca, la joroba en el
lomo y la piel con manchas. Nos dejan acercarnos hasta casi tocarlos y como si
nada les importase se mantienen inmóviles o se alejan majestuosamente.
Infinidad de peces se refugian de la mar de fondo en las cuevas y oquedades,
cofres, falso piedra, cirujanos, mariposas etc... Langostas, gambas limpiadoras
y morenas en las zonas más oscuras. Hemos tenido suerte, la visibilidad es de
unos 15 mts. Sin enterarnos llega el fin de la inmersión, aquí lo marca el
dive-master y ascendemos todos juntos con el cabo guía que esta atado a una
boya en superficie y que ha sido llevado por el dive-master durante toda la
inmersión.
La vuelta a la
playa es casi más excitante que la salida, surfeando las olas, Se elige una de
ellas y con el motor a tope hasta embarrancar en la arena.
Tras recoger
el equipo un buen desayuno, con huevos fritos y todos los complementos. Son la
10 de la mañana y vamos a por otra.
Se suceden los
días y las inmersiones, dos con opción de hacer una tercera si queríamos pero
acaba uno bastante agotado con todo el meneo que supone bucear aquí.
Visitamos los
mejores puntos de buceo. El Produce, pecio a 32 mts. , poblado de enormes bandos
de peces cristal y varios meros de 1,5 a 2 mts. de los que conseguimos ver un
par. The Catedral, con varios raggies merodeando. Manta point, Tiger cave, etc.
Así hasta completar cinco días de buceo salvaje y cargado de adrenalina.
Conseguimos no tener que subir en cuanto a alguien se le acababa el aire y en
varias ocasiones los dive-master me pasaron el carrete de la boya cuando ellos
se tenían que subir. En Sudáfrica se piensan que los españoles no respiramos
(je je je ) ya que estábamos 20 min. Mas que el resto con la misma botella.
Nuestro
siguiente destino es el Game Park de Hluhluwe-Unfolozi
al que nos llevo Sean, habitual colaborador de Sonja como skiper y dive master.
Nos acompaño y no se separo de nosotros en los dos días que duro nuestra
visita al parque. Lo vimos casi todo, elefantes, búfalos, rinos, jirafas,
impalas, leones etc.-.. solo nos falto el leopardo. Dos días con la cámara, el
tele y los prismáticos. Incluso un safari nocturno a la caza de ojos que
brillan en la oscuridad. Comimos, bebimos y charlamos con nuestro amigo Sean de
buceo, surf y Sudáfrica.
Tras volver a
Unkomas nos preparamos para ir a Ciudad del Cabo y de allí, con Trevor (nuestro
transporte) hasta Gansbaai. Por el camino nos paro varias veces para que pudiésemos
contemplar los paisajes y una de ellas fue en el pueblo de Hermanus donde fuimos
sorprendidos por las ballenas francas de sur, nadando a 100 mts. de la orilla,
saltando y mostrando sus colas, fue apoteósico.

Llegamos a
Gansbaai y nos alojamos en De Kelders, un bed & breakfast encantador a
orilla del mar. Nos trataron de fábula durante los dos días que pasamos allí
y desayunar en la terraza viendo las ballenas fue como un sueño.
Por fin llega
el día. Hemos quedado con la gente de Marine
dynamics ( www.dive.co.za ) para
ir a ver al Gran Blanco. Una breve explicación, una firma en el consabido
documento que les exime de responsabilidad y te hace constar bien claro de que
el Tiburón blanco es un animal salvaje y que como tal puedes verlo o no verlo y
nadie sabe a ciencia cierta cual va a ser su comportamiento.
El barco de 9
mts. con su jaula y todo lo necesario a bordo se bota por una rampa motor en
marcha, embarcamos dispuestos a pasar el día en el mar en compañía de André
y Guido, que nos guiaran y conseguirán que sea un día perfecto. Tras un paseo
de 20 min. Nos acercamos a la isla Dyers donde
hay una colonia de pingüinos y
al lado la isla Geyser con una colonia de 50.000 focas que apestan desde lejos.
Nos entretenemos un rato viéndolas nadar junto al barco jugando en los bosques
de Kelp (Laminarias)
Por fin nos
dirigimos a un paso entre los arrecifes, anclamos el barco y Guido lanza la
carnaza por la popa a la vez que escurre el caldo del pescado. Comienza la
espera, amenizada por una agradable conversación con André y Guido, unos
bocatas y unas bebidas. El agua esta turbia (un metro de visibilidad) y nos
dicen que va a ser difícil que veamos el tiburón bajo el agua pero que lo
intentaremos.
Tras algo
menos de una hora aparece una sombra por estribor, es un blanco que se aproxima
atraído por el olor del cebo, se acerca lo suficiente como para ver su silueta
majestuosa nadando junto al barco, como si nadad de esto fuese con el se va como
ha llegado. Nosotros estamos nerviosos, dios mío ¿y si ha sido la única
oportunidad que hemos tenido? Pronto nuestros ansias se calman, una nueva sombra
se acerca por popa, un poco más pequeño que el anterior (3,5 mts. nos dicen) y
esta vez comienza a dar vueltas cerca del barco intentando coger el cebo que
Guido hábilmente acerca al barco lo podemos ver en todo su esplendor, la boca,
los ojos, el lomo oscuro y el vientre blanco. Nada despacio y al rato se marcha.
Tras otra
bebida y más charla aparecen dos tiburones que parece que se quedan un rato con
nosotros. El mayor esta cerca de los 5 mts. Y el otro entre 3 y 4. Es el momento
de echar la jaula al agua, equiparnos y mojar el culo en las frías aguas del
atlántico sur. Con un traje de 7mm, sin aletas, 15 Kg. de plomo y un narguile
nos introducimos en la jaula que se conoce por aquí como la “waching machine”
y enseguida comprendemos por que, se mueve como una condenada. Tras un rato a la
espera, intentando sujetarnos y gracias a la habilidad de Guido con la carnaza,
el tiburón se acerca lo suficiente para que se le pueda ver. Me quedo tan
pasmado de ver su elegante e inmensa figura que no me pongo ni la cámara
delante de la cara (de todas formas la escasa visibilidad del agua, 1 mts. no
daba para sacar fotos y no ha salido ninguna medio decente), permanecemos unos
quince minutos mas en el agua en los cuales vemos pasar varias veces a los
tiburones por delante de nosotros, unas mas cerca y otras mas lejos, la imagen
de esta gran animal se queda grabada en nuestras retinas. Subimos al barco y
disfrutamos de la compañía de varios tiburones mas en las siguientes dos
horas. Es hora de volver, la llegada al puerto y subir la embarcación motor en
marcha por la rampa hasta depositarla en el carro de varada es “heavy”.
La experiencia
ha sido inolvidable. Dos días para disfrutar de Ciudad el Cabo, paseos y un
poco de “shopping” completan nuestro viaje. Es hora de regresar a la
realidad del día a día.
Sudáfrica nos
ha marcado para siempre, su fauna, sus paisajes y su gente, amigable y entrañable.
Volveremos.